¿Mujer en el puerto de Las Palmas? Cómo evitar trepas mientras se teletrabaja

Las mujeres harían bien en aprender a navegar por la nueva política de teletrabajo en el puerto de Las Palmas. Los funcionarios pidieron antes de la pandemia que los intermediarios chusqueros se alejasen de sus puestos de trabajo, tesis respaldada por el presidente del Puerto de Las Palmas, Luis Ibarra (PSOE), que a finales de este pasado mes de septiembre ha cumplido un año al frente la nueva etapa tras el paréntesis cardonesco. Los intermediarios chusqueros son una especie de lobbysta barato que nunca expone las cartas sobre la mesa. Mientras no haya en el Puerto de Las Palmas un código de conducta seguirán surgiendo problemas como con el lío de los remolcadores entre Boluda y Fairplay.

Y es que la política de la oficina no ha desaparecido solo porque una pandemia obliga a decenas de personas a trabajar fuera de la oficina. Incluso en un entorno laboral radicalmente alterado de interminables llamadas de Zoom con niños debajo de los pies en casa, las mujeres que trabajan en el sector público del Puerto de Las Palmas necesitan aumentar su visibilidad durante las reuniones virtuales, encontrar formas de fortalecer los lazos con aliados laborales e impresionar a sus superiores superando las expectativas, según los entrenadores ejecutivos y asesores de liderazgo. En síntesis: tienen que hacer campaña.

Pero hay cosas buenas: los trepas huyen de dejar constancia de su acoso al resto de la plantilla. A juicio del editor de Pymes y Autonomos, Carlos de Roberto, hay que tener cuenta el factor trepa. «El trepa por definición es un ser ambicioso que lucha por subir en el escalafón, o mantenerse, sin importar pasar por encima de compañeros o incluso amigos» aunque «lo importante para sobrevivir a sus malas artes es intentar dejar todo documentado».

Es decir, «si una toma de decisión ha sido impuesta por el propio trepa, enviar un correo electrónico a modo de acta donde se expliquen los pasos a seguir y quién es el responsable de la decisión puede ser útil». Enviarlo con copia al jefe puede no ser una mala idea. «Será beneficioso si todo el trabajo queda registrado con el usuario de cada empleado. Así se pueden obtener los informes oportunos para evaluar de verdad el rendimiento de cada uno». ¿Y en videconferencia? grabarlo todo.

Marcel Schwantes, fundador del programa de coaching ‘Liderazgo desde el núcleo’, sostiene que «hay que comprender que el pasivo-agresivo ha logrado comportarse de esta manera porque los demás rara vez, si es que lo hacen alguna vez, lo critican por su comportamiento». Las videoconferencia son geniales para dejarlo en su sitio.

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