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Desde hace dos semanas el acceso a la zona pública peatonal del Muelle Norte del puerto de Santa Cruz de Tenerife, en la trasera de la antigua estación del jet-foil, hoy sede de las empresas estibadoras, presenta una estructura metálica, a modo de vallado que despertó la curiosidad -e indignación- de los habituales a los paseos al borde del mar y que, hasta ese momento, era el único espacio que permitía ser el mirador natural del puerto e integrarse en el llamado ‘espíritu puerto-ciudad’ y que desde donde se daban, incluso, las salvas de de ordenanza de bienvenida y despedida de barcos como el Juan Sebastián Elcano.
El asunto es que ese espacio, de un día para otro, quedó cerrado a cal y canto motivando muchas preguntas y conjeturas, pues en su interior y en la zona catalogada como terraza pública, con asientos y diseños que en su momento fueron innovadores, se construyó otra zona de vallado y exclusión que, prácticamente, ha dejado aquel espacio sin ningún tipo opciones para el que fue diseñado y catalogado por el propio Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife como ‘espacio público’.
Hoy, dicho espacio está abierto al público, pero sabemos que el recinto con puertas abiertas tiene los días contados, ya que albergará en un futuro próximo una serie de pilas de combustible -GNL y/o hidrógeno- para el suministro de buques, y que serán de última generación, por lo que, a partir de entonces esa zona será de uso exclusivo para trabajos portuarios, perdiendo el puerto y la ciudad un mirador tradicional.
Pero es que este espacio, por lo que hemos sabido, no tiene, de momento, los beneplácitos del Ayuntamiento capitalino, pues ese espacio se sitúa a escasos metros de un edificio premiado y catalogado como innovador en diseño y donde, además, trabajan diariamente decenas de personas, pues, como ya indicamos, es la sede de las empresas estibadoras. Para mas ‘inri’ se sitúa a tiro de piedra del Real Club Náutico de Tenerife y la zona de puerto con entrada y salida de embarcaciones de todo tipo.
Una breve encuesta realizada hoy mismo, los usuarios indicaban su extrañeza por la elección de este lugar para este tipo de suministros y no comprenden el por qué se realizan esas obras y se designan emplazamientos de elementos con cierto riesgo en espacios que se saben de uso ciudadano, emblemáticos, cuando el puerto tiene un vasta extensión y zonas para ubicar algo que, por mucha seguridad y garantías que se indiquen, es poner un elemento de riesgo cerca de los ciudadanos, amén de no entender cómo se hace al lado de un edificio con señas de identidad únicas, emblemático y en uso.
Y finalmente decir que hay espacios que se demandan para muchas actividades, que se ofrecen y prometen, que esperan ser ocupados, tal y como se acordó, pero, precisamente, éste no es uno de ellos.

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